domingo, 20 de junio de 2010

Decimo octavo capitulo

DECIMO OCTAVO CAPITULO DRAMATURGIA

SIN CONFLICTO NO EXISTE OBRA DE TEATRO
CONFLICTOS TEATRALES
Son cinco los conflictos que se tratan en el teatro y ellos son los mismos a los que nos enfrentamos en la vida real. Algunos autores consideran que sólo deben existir cuatro, y pueden tener razón, como veremos más adelante.

Primero los enumeraré para después explicarlos.

CONFLICTO 1.- Contra dios, contra el destino o contra la naturaleza.

CONFLICTO 2.- Contra uno mismo y nuestras pasiones.

CONFLICTO 3.- Contra la sociedad.

CONFLICTO 4.- Contra nuestra pareja.

CONFLICTO 5.- El conflicto por el conflicto en sí.

Cuando el hombre hace su aparición sobre la faz de la tierra es un ser ignorante, sin experiencia. Todos sus actos se basan en los instintos primarios de supervivencia. Se reproduce sin saber como, se alimenta de lo que está a su alcance. Para él no existe explicación para que se produzca el frío o el calor, que haya luz de día y oscuridad de noche, menos aún puede explicar las enfermedades, las sequías, las inundaciones, el nacimiento y la muerte. Al no encontrar respuesta a sus múltiples dudas inventa seres superiores que serán los responsables directos de todos esos fenómenos. Así crea un dios para la lluvia, otro para las cosechas, uno más para la muerte y otro para el nacimiento. Más tarde condensará en un solo dios a todos ellos, un dios con un poder infinito. ¿Qué hace el ser primitivo cuando no llueve durante mucho tiempo? Va y le reclama al dios de la lluvia. Si sigue sin llover le llevará ofrendas para tenerlo contento. Si no lo contenta entonces lleva a cabo un sacrificio humano o animal.

Históricamente el conflicto con los dioses es el primero que aparece. Lo mismo sucede en el teatro. Las primeras representaciones fueron ritos religiosos. El teatro griego se inicia también con este conflicto, el de los dioses.



ARTEMISA.-(Invisible) ¡Oh, infeliz! ¡Qué calamidad te atormenta! La grandeza de tu alma ha sido la causa de tu ruina.

HIPÓLITO.- ¡Ay de mí! ¡ Oh divino y embriagador perfume! Aun en medio de mis males te he percibido, y mi cuerpo siente consuelo. Aquí está la diosa Artemisa.

ARTEMISA.- ¡Oh mísero! A tu lado está la diosa que más te ama.

HIPÓLITO.- ¡Vedme, señora, en la desventura en que me hallo!

ARTEMISA.- Te veo; pero no me es lícito derramar lágrimas de mis ojos.

HIPÓLITO.- Ya no sobrevivirá a su desdicha tu cazador y sacerdote.

ARTEMISA.- No, seguramente; pero mueres amado por mí.

HIPÓLITO.- Ni el que guiaba tus caballos y guardaba tus estatuas.

ARTEMISA.- Obra es de la engañosa Cipris.

HIPÓLITO.- ¡Ay de mí! Ya reconozco la deidad causa de mis males.

(HIPÓLITO, de Eurípides)

En la lucha con los dioses el hombre quedaba siempre derrotado. Al transcurrir el tiempo el hombre dejó de creer en muchos de los dioses y aún en el dios único. Pero no por ello dejó de enfrentarse a fuerzas a las que no puede, aún ahora, dominar. Entonces, en lugar de luchar contra dioses, lucha contra el destino o la naturaleza. Estas dos fuerzas, estos dos adversarios, son los que sustituyen a Gea, a Baco, a Dionisio, a Zeus, a Marte, a Minerva, a los dioses chinos, japoneses, mayas, aztecas, incas, escandinavos. El hombre puede pelear de tú a tú con sus semejantes pero no contra estas fuerzas. En la actualidad si no llueve le echamos la culpa a la naturaleza, si alguien muere al destino. Una gran parte de la humanidad sigue pensando que la causa son los dioses.

Este primer conflicto, el del hombre contra los dioses, la naturaleza o el destino produce, teatralmente hablando, la tragedia.

HAGAN UN EJERCICIO DEL PRIMER CONFICTO.

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